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13 feb 2026

Investigaciones Clínicas: ¿cuáles son las etapas hasta que un medicamento llegue a las farmacias?

Conozca el proceso que transforma un descubrimiento científico en un nuevo medicamento. Entienda las etapas de las investigaciones clínicas, los desafíos involucrados y cómo superarlos.

El interés público sobre la industria farmacéutica nunca ha sido tan alto.  

Desde los años de la pandemia – cuando los procesos de desarrollo, prueba y validación de vacunas fueron discutidos de manera amplia y constante en los medios – hasta hoy, un momento en que cuestiones tecnológicas, políticas y económicas han llevado a cambios rápidos en el mercado y en la manera en que los medicamentos son vistos por la sociedad, la curiosidad del público sobre cómo funciona esta industria multimillonaria, responsable de la promoción de la salud global, solo aumenta.  

Esto se refleja en el deseo de conocer el “paso a paso” de la aprobación de un nuevo medicamento.  

Después de todo, ¿cómo se prueban los candidatos a nuevos medicamentos – de qué manera y por cuánto tiempo – para garantizar eficiencia y seguridad? ¿Existen ‘cobayas’ humanas, personas que aceptan recibir dosis de un nuevo fármaco sin saber, de antemano, lo que pueden causar en el organismo? ¿O existe un proceso más estructurado, que involucra etapas que deben ser cumplidas paulatinamente, cada una garantizando un poco más de información sobre la molécula en estudio, hasta formar un cuerpo robusto de evidencias relacionadas con la eficacia del nuevo fármaco?  

Estas son algunas de las cuestiones que abordaremos hoy.  

Conocer cuáles son las etapas que llevan a un medicamento desde las bancadas de prueba de los laboratorios hasta las estanterías de las farmacias es un proceso fascinante, que ilumina una industria cuyos detalles siguen siendo bastante desconocidos para el gran público, pero que está cada vez más presente en la vida de todos nosotros.  

En especial, discutiremos el papel relevante de la investigación clínica en la aprobación de nuevos fármacos – una metodología rigurosa y globalmente validada que ayuda a transformar ideas en tratamientos.  

Investigación Clínica: transformando ideas de medicamentos en nuevos tratamientos

Hay una razón por la cual la investigación clínica es el núcleo de esta discusión. Después de todo, representa el puente que une laboratorios de investigación con las estanterías de las farmacias.  

A través de pruebas y validaciones rigurosas, basadas en sólidas evidencias científicas y regidas por un amplio compendio de determinaciones legales, las innovaciones en el campo farmacológico pueden ser validadas como seguras y eficientes, y entregadas en forma de un nuevo medicamento para los pacientes.  

La principal diferencia de estos estudios es la presencia de seres humanos como factor a analizar – esto es, participantes de investigación, tanto saludables como enfermos, que recibirán un nuevo tratamiento y serán evaluados para descubrir cómo actúa el nuevo fármaco en situaciones ‘reales’, con personas reales, en un ambiente biológicamente complejo. Para eso se crea un medicamento, y las investigaciones clínicas son la etapa final para validarlo.  

El objetivo es la protección del público y la transparencia en el proceso de producción de medicamentos. Cada etapa está regulada, probada, anotada, validada. Los resultados son públicos y referenciables. Son analizados por paneles independientes y pueden ser consultados por la comunidad médica y científica.  

La calidad de la investigación clínica puede estar directamente relacionada con la evolución continua de la salud pública en todo el mundo.  

Cómo todo comienza: pruebas en laboratorios y en modelos animales

La garantía de la seguridad de un medicamento es fundamental para su uso en humanos. Aunque haya evidencias anedóticas de efectos positivos en la salud, o incluso que los modelos computacionales más avanzados ‘garanticen’ que cierta molécula, en una dosis determinada, podrá actuar de manera decisiva en el tratamiento de una enfermedad, nunca habrá ningún tipo de prueba en personas antes de que se identifiquen posibles efectos adversos, o que se haya determinado la dosis segura a administrar.  

¿Cómo conocer estos parámetros sin utilizar humanos como ‘probadores’ previos?  

El secreto está en las etapas preclínicas de los estudios. Son cruciales en la obtención de un cuerpo robusto de evidencias que indican la eficacia y seguridad del nuevo medicamento. Sin estas evidencias, no hay pruebas en humanos. 

Los estudios preclínicos implican análisis in vitro (utilizando cultivos de células) y in vivo (con modelos animales), con el fin de obtener información como:  

  • Perfil farmacodinámico del principio activo en cuestión: esto es, la manera en que actúa en el cuerpo;  


  • Su perfil farmacocinético: la manera en que el organismo absorbe, metaboliza, distribuye y excreta la(s) molécula(s) en estudio;  


  • El perfil de toxicidad: determinar la dosis ideal de administración del medicamento, de modo a maximizar los efectos terapéuticos y minimizar los riesgos de daños al organismo. Se evalúan posibles efectos tóxicos en diversos órganos y sistemas, incluyendo la posibilidad de neurotoxicidad y teratogenicidad (riesgo de malformación congénita). 


Los resultados de estas etapas son compilados de manera rigurosa y estandarizada, utilizando directrices determinadas por organismos y agencias reguladoras. En otras palabras: estas etapas preclínicas son tan cruciales que ya existe un fuerte control sobre los datos y los resultados, los cuales deben seguir estrictos estándares científicos y éticos. Si un medicamento no es aprobado en estas etapas in vitro y con modelos animales, no llegará a las farmacias.  

Las cuatro etapas de la Investigación Clínica

Superados los ‘desafíos’ de los estudios preclínicos, el potencial nuevo medicamento entra en una de las fases más marcadas del proceso de desarrollo: el contacto con seres humanos. La investigación clínica tiene cuatro etapas principales, que involucran un número creciente de voluntarios. Vamos a conocer detalles sobre cada una de ellas.  

FASE I: Identificando la dosis correcta  

Como dice el viejo refrán, “la diferencia entre un medicamento y un veneno puede estar en la dosis”. Y encontrar la dosificación ideal solo es posible en las pruebas con personas, cuando el medicamento será evaluado en medio de la infinita complejidad del organismo humano y la variedad de ‘composiciones’ de salud y fisiología de cada uno de los voluntarios.  

Vale la pena notar que un rango de dosificación segura ya ha sido validado anteriormente, en las pruebas preclínicas. En esta Fase I, se busca optimizar la dosis ideal.  

En la primera fase de los estudios clínicos, un pequeño grupo de participantes (de 20 a 100, aproximadamente) recibe dosis variables del medicamento en estudio, basadas en los perfiles de seguridad identificados por las pruebas preclínicas. Los participantes pueden ser tanto personas saludables (lo que es más común) como pacientes que tienen la enfermedad que el medicamento busca tratar.  

Después de la administración de la droga, los participantes son evaluados periódicamente para determinar cómo la(s) nueva(s) molécula(s) está(án) siendo procesada(s) por el organismo, de una manera similar a lo que se hizo en las pruebas preclínicas, es decir, midiendo el perfil de absorción, de metabolización, de distribución y de excreción. El objetivo es asegurar que el principio activo, en la forma en que fue administrado, es seguro y genera efectos secundarios tolerables.  

Se trata, por tanto, del diseño de un perfil de seguridad – la eficacia en tratar una enfermedad aún no está siendo probada en este punto. Esta es la misión de la segunda etapa de la investigación clínica.  

FASE II: Determinando la eficacia  

Al mismo tiempo en que el perfil de seguridad del potencial nuevo medicamento continúa siendo probado (de hecho, nunca deja de serlo, incluso después de que comienza la venta del producto), la Fase II trae la novedad de evaluar, de manera preliminar, la eficiencia de la molécula como tratamiento de salud. Para ello, es claro, debe ser probada en personas que estén con la enfermedad que el medicamento pretende tratar. Es decir: aquí, salen los participantes saludables, entran aquellos que más necesitan de un nuevo tratamiento.  

Puede parecer un proceso directo y razonablemente claro, sin embargo, esta es una de las fases que más generan inquietud y dudas en el público en general.  

Esto se debe a que es en la Fase 2 donde ocurren los ‘famosos’ estudios aleatorizados y con placebos – cuando parte de los voluntarios recibe el nuevo principio activo y parte toma solo un placebo, ambos sin saber cuál es cuál. Esto es absolutamente crucial para la calidad de un experimento. Décadas de estudios médicos ya han comprobado la enorme influencia que los factores psicológicos tienen en el curso de una enfermedad y su tratamiento. Por esta razón se creó este tipo de examen, con el fin de evaluar, de la manera más clara y honesta posible, si un nuevo tratamiento realmente trae beneficios a la salud de un paciente.  

Es importante destacar que, incluso en los casos en que el participante es asignado al grupo placebo, no queda sin tratamiento. Todos los participantes continúan recibiendo la terapia estándar ya aprobada y disponible para la enfermedad, garantizando una cobertura completa del tratamiento y respetando rigurosamente los principios éticos de la investigación clínica. 

La Fase II tiene como objetivo, por tanto, certificar los resultados de la Fase I y ampliar la comprensión terapéutica sobre el principio activo, en un escenario que involucra personas que están con la enfermedad que el nuevo medicamento pretende tratar.  

Participan en estudios de Fase II alrededor de 100 a 300 pacientes.  

FASE III: Confirmando las hipótesis  

Un medicamento en pruebas que ha pasado por la Fase II ha demostrado potencial para que puede, efectivamente, traer beneficios a la salud de los pacientes y tratar enfermedades específicas, de manera segura. Falta garantizar su eficiencia en el contexto amplio y diverso de la población en general.  

Para ello, la Fase III involucra un número relativamente grande de participantes (los números pueden llegar a 10 mil), que serán monitorizados en cuestiones como:  

  • percepción de efectividad de la droga,  


  • comprobación de efectos positivos en el organismo,  


  • presencia e intensidad de efectos secundarios y  


  • comparación de todos estos factores con tratamientos ya existentes y aprobados para la enfermedad en cuestión.  

Esta es la “fase final” que debe ser superada para garantizar la aprobación por las agencias reguladoras.  

FASE IV: Acompanhando junto ao público  

La Fase IV ocurre ‘en el mundo real’. En esta etapa, el nuevo medicamento ya ha sido aprobado para comercialización y está en uso por la población. Esto no significa, sin embargo, que deje de ser monitorizado por la industria farmacéutica.  

Esta fase es conocida como ‘post-marketing, o sea, post-entrada en el mercado, y acompaña la evolución en el uso del medicamento, los informes sobre efectos secundarios (que tal vez no hayan sido percibidos en las etapas anteriores, dado el número reducido de participantes) y posibles usos off-label del principio activo.  

En muchos casos, la Fase IV es considerada como recurrente, sin limitaciones temporales, con un monitoreo constante a fin de construir el perfil de seguridad del fármaco en diferentes poblaciones, así como su perfil de actuación en concomitancia con otros tratamientos de salud, sean estos ya consolidados o nuevos.  

Como vimos anteriormente, hay una gran complejidad en el proceso de aprobación y comercialización de un nuevo medicamento. Hay varios ‘puntos de control’ en este camino que buscan garantizar (la palabra se usa en su sentido más estricto aquí), de manera sistemática y científicamente exacta, la seguridad y eficiencia de un fármaco. Todas las etapas están regidas por un conjunto de reglas preestablecidas que deben遵循se con precisión.  

¿Quién regula estos datos?

El medicamento es un asunto serio. La salud pública, aún más. En la época de la COVID-19, aprendimos de manera abrupta lo que eso significa: hubo mucha discusión sobre el uso de formas de prevención y tratamiento que aún no estaban científicamente comprobadas contra la enfermedad. ¿Debería el público poder utilizar medicamentos potencialmente benéficos, pero sin evidencia real? ¿Debería el poder público distribuir vacunas que aún no habían sido totalmente probadas? Seguir los protocolos tradicionales – fuertes garantías de seguridad, eficiencia y confiabilidad – era más importante que ofrecer soluciones inmediatas, pero, tal vez, sin eficacia?  

Lo que quedó claro de estas decisiones es que poner cualquier tipo de medicamento en el mercado no es un proceso simple, rápido o que se pueda hacer ‘de cualquier manera’ o saltando etapas. El cuerpo regulatorio que determina los requisitos para la elaboración y comercialización de fármacos es uno de los más bien coordinados a nivel mundial, y aquí en Brasil la ANVISA desempeña un papel fundamental en la protección de la salud de la población, siendo una de las agencias reguladoras más rigurosas del mundo.  

Es la ANVISA que monitorea la conducción de estudios y investigaciones clínicas y verifica si han seguido los criterios científicos, médicos, éticos y de calidad adecuados. Sus directrices están alineadas con las principales agencias reguladoras mundiales (a través de protocolos compartidos como el Council for Harmonisation (ICH) y el Good Clinical Practice (GCP)), creando un contexto en el que un medicamento aprobado aquí en Brasil tiene grandes posibilidades de ser liberado para uso también en otros países. No es fácil ser aprobado por la ANVISA, pero buscar esa aprobación abre puertas en todo el mundo.  

Es importante notar que, a pesar de que estamos hablando de ‘burocracia’, el proceso de evaluación y aprobación de medicamentos es bastante dinámico. Tanto la ANVISA como otras agencias reguladoras del mundo responden con relativa rapidez a los cambios en el mundo de la salud, creando nuevas reglas y actualizando protocolos para adaptarlos mejor a los nuevos tiempos y a nuevas evidencias científicas.  

Por ejemplo, a lo largo de los últimos años, la adopción de formas analíticas modernas y nuevas metodologías de prueba ha permitido mejorar el flujo de validación y prueba de moléculas, y esto ya se ha reflejado en actualizaciones protocolares de estas entidades, resultando en etapas más rápidas de validación de fármacos, pero con la misma calidad en el resultado final.  

Los (nada pequeños) desafíos de la Investigación Clínica

Realizar investigaciones clínicas para nuevos medicamentos está lejos de ser un proceso simple y rápido. Por el contrario: el rigor en el control de datos y el respeto por la salud de los participantes requieren el máximo cuidado y atención, un cuerpo técnico experimentado y una infraestructura adecuada. Todo esto tiene su costo, tanto en términos de tiempo como de inversión, lo que ayuda a explicar por qué aún es tan caro introducir un nuevo medicamento en el mercado.  

La mayor complejidad relacionada a las investigaciones clínicas es el factor humano. Después de todo, involucran pruebas con participantes de investigación, tanto saludables como enfermos, que deben recibir medicamentos aún no comprobados, pero de manera segura y no perjudicial para su salud. Estas personas deben ser seleccionadas cuidadosamente, monitorizadas durante un largo período y de forma científicamente precisa, y deben seguir estrictamente el protocolo de tratamiento sugerido. Observe cuántas variables existen para cada uno de los factores anteriores. Todas ellas se tienen en cuenta en los resultados finales.  

El reclutamiento de pacientes es una de las etapas más desafiadoras de la investigación clínica. Por eso, la industria farmacéutica a menudo cuenta con el apoyo de socios especializados, que tienen acceso a centros de salud y a bases de datos con posibles voluntarios. Estos participantes deben cumplir criterios específicos de salud, además de ser cuidadosamente informados sobre los objetivos, procedimientos y riesgos potenciales del estudio. Toda esta información se detalla en el Término de Consentimiento Libre e Informado (TCLE), un documento detallado que presenta de manera clara los posibles efectos del medicamento, la naturaleza exploratoria de la investigación y los derechos del participante. Es fundamental enfatizar que la participación es totalmente voluntaria y el individuo puede abandonar el estudio en cualquier momento, sin ningún tipo de penalización o perjuicio a su tratamiento convencional. 

Una vez incluido en el estudio, el participante debe seguir rigurosamente el uso del medicamento según las instrucciones: en la dosis, en el tiempo y de la manera indicada. Su salud es constantemente monitorizada por un equipo especializado, asegurando la seguridad a lo largo de todo el proceso. Se trata de una jornada compleja, que exige precisión, cuidado y experiencia técnica para garantizar no solo la validez de los resultados, sino, sobre todo, la integridad y el bienestar de los voluntarios. 

Investigaciones clínicas exigen centros de excelencia

Por representar la etapa final antes de la aprobación de un medicamento, las investigaciones clínicas siguen los estándares de control y calidad más rigurosos destinados a la industria farmacéutica. Para cumplirlos, se debe trabajar junto a socios altamente cualificados.  

Participan en estudios clínicos hospitales y centros de salud y de investigación académicos (usualmente vinculados a grandes universidades), hospitales públicos y privados, clínicas especializadas y empresas con enfoque en el área de la salud. Es fundamental que tengan un cuerpo técnico y una infraestructura capaces de administrar los exámenes con pacientes, monitorizarlos y entregar análisis de alta calidad.  

El modelo ideal para realizar investigaciones clínicas es en centros especializados, lugares que combinan, en una misma infraestructura, ambientes adecuados para la recepción y monitoreo de pacientes, equipo cualificado, laboratorios analíticos y procedimientos operativos optimizados, generando un flujo de información de alta calidad y que reduzca los ‘ruidos’ siempre presentes en estudios con humanos.  

En Brasil, la SYNVIA es un ejemplo de referencia en investigación clínica, desde la fase I hasta IV. La empresa tiene más de 20 años de actividad en el área de análisis para la industria farmacéutica, siendo uno de los centros de investigación más respetados multisite de todo el país. Uno de sus principales diferenciadores en relación a las investigaciones clínicas es el factor humano: hay más de 150 mil voluntarios registrados en la base de datos (al menos 50 mil de estos son contactados todos los meses por la empresa para participar en pruebas), lo que permite incluir grupos amplios y con el recorte ideal para cada tipo de estudio.  

Después de la selección para participar, los voluntarios cuentan con una infraestructura especialmente diseñada para la conducción de los experimentos: hay más de 160 camas en cuatro salas, con asistencia promedio 24 horas al día, e integración con los laboratorios de análisis, que albergan equipos de alta performance y de última generación.  

De esta manera, con un monitoreo inteligente y un proceso fluido y optimizado de obtención de datos, es posible reducir el tiempo de los estudios y mejorar la obtención de resultados confiables – cuellos de botella que suelen encarecer las etapas clínicas en otras situaciones. Conozca más detalles sobre los servicios de la SYNVIA y su actuación en investigaciones clínicas en este enlace.  

Investigación Clínica: un sinónimo de calidad, rigor y vida

Tomando en cuenta todos los puntos discutidos anteriormente, es más fácil comprender por qué poner un nuevo medicamento en el mercado puede llevar años – incluso décadas.  

En el mundo apresurado e impaciente en el que vivimos, esperar tantos años puede parecer una terrible pérdida de tiempo y recursos; sin embargo, acelerar demasiado el proceso de aprobación podría resultar en daños para la salud o tratamientos poco eficientes, y eso es algo inconcebible. La calidad demanda tiempo y inversiones. Los resultados se reflejan en una mejora creciente y constante en la calidad de vida de la población. Eso no tiene precio.  

No es exagerado decir que la mayor parte de las personas hoy en día puede gozar de una vida saludable gracias a medicamentos – al menos una vez en la vida, todos han tomado un medicamento, ya sea un antibiótico, un antitérmico o incluso un analgésico – que resultó en alivio de síntomas, fortalecimiento de la salud, en curación. En todos estos casos, podemos tener la certeza de que la sustancia utilizada ha pasado por investigaciones clínicas, pruebas rigurosas que garantizaron su eficacia y seguridad.  

La investigación clínica, con todo su rigor, sus controles y ‘burocracias’, está detrás de los mayores avances en salud pública del último siglo. Es precisamente esta adherencia a datos sólidos lo que permite que la industria progrese cada vez más fuerte, estimulando avances tecnológicos y posibilitando, cada año, nuevas formas de tratamiento a millones de personas.